Es una antigua técnica oriental de masaje relajante para la mente y el cuerpo.
Las piedras volcánicas previamente se calientan en un recipiente especial entre 47 y 50 grados.
Gracias a sus propiedades físicas retienen el calor y lo liberan progresivamente. Se masajea sobre la piel con ritmo armónico habiendo aplicado aceites aromáticos.
El calor de las piedras volcánicas favorece el flujo sanguíneo aliviando dolencias musculares y articulares, con lo que se promueve el bienestar general.